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viernes, 6 de marzo de 2026

EVANGELIO DEL VIERNES. SEMANA 2 DE CUARESMA



EVANGELIO
“En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: Escuchad otra parábola: Había un propietario que plantó una viña, 
la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje. Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores, para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon. Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último les mandó a su hijo, diciéndose: Tendrán respeto a mi hijo. Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: Éste es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia. Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron. Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?
Le contestaron: Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores, que le entreguen los frutos a sus tiempos. Y Jesús les dice: ¿No habéis leído nunca en la Escritura: La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente? Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos. Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que hablaba de ellos. Y, aunque buscaban echarle mano, temieron a la gente, que lo tenía por profeta”.

Mateo   21, 33-43

COMENTARIO

Jesús siempre estuvo en entredicho ante parte de la institucionalidad religiosa de su tiempo, y una manera de resolver ese problema era eliminarlo. En la parábola, Jesús es el hijo, y los labradores los sacerdotes y responsables del judaísmo de la época. Ellos son los que matan al hijo. Pero Jesús, en su propio terreno, les recuerda algo esencial: la viña no es de los labradores, sino del dueño. El Reino de Dios no es patrimonio de nadie; es un don confiado para que dé fruto.

Encontrar una actualización de este texto para hoy no resulta difícil. Algo parecido sucede cuando la religión corre el riesgo de convertirse en una estructura que se administra, pero que deja de transparentar el Evangelio. Cuando la viña se gestiona como si fuera propia, el heredero acaba resultando incómodo.

Al heredero, a Jesús, se le puede matar de muchas maneras. Se le mata cuando el Evangelio queda relegado a un segundo plano y el cristianismo se reduce a un hecho cultural o social. Sin la referencia viva a Jesús, la religión puede seguir existiendo como tradición o como costumbre, pero pierde su corazón de fe.

Pero al heredero también podemos matarlo “desde dentro” de la propia institucionalidad eclesial. Ocurre cuando determinadas prácticas religiosas, en lugar de conducir al Evangelio, terminan oscureciéndolo. Hay indecencias que a veces nacen dentro de nuestros propios templos: indecencias que provienen del tratamiento económico que damos a lo cultual; indecencias que vienen de la idolatrización a la que sometemos a nuestras imágenes de lo sagrado; indecencias que rodean determinadas prácticas sacramentales o para-sacramentales; indecencias que aparecen en la puesta en escena de muchos de nuestros ceremoniales religiosos.

Evidentemente no quiero decir que todo lo que se refiere a estas cuestiones sea así. Ni mucho menos. Pero el Evangelio nos obliga a una vigilancia constante sobre nuestra propia viña. No sea que, ocupados en administrarla, terminemos expulsando al heredero de ella y convirtamos el viñedo en un baldío bancal.

Como decía aquel, aunque la verdad tiene la fuerza de la evidencia, los seres humanos también somos expertos en re-matarla.

1 comentario:

  1. Tú reflexión nos anima a preguntarnos si de verdad ponemos a Jesús en el centro de nuestra vida o si, casi sin darnos cuenta, lo vamos dejando a un lado mientras seguimos ocupados en nuestras prácticas o responsabilidades religiosas. Desde mi punto de vista, el evangelio nos recuerda que lo importante no es solo aparentar religiosidad, sino vivir una fe que dé frutos reales en nuestra vida

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