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lunes, 3 de agosto de 2026

EVANGELIO DEL LUNES. SEMANA 18 DEL TIEMPO ORDINARIO.

EVANGELIO
Después que la gente se hubo saciado, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Y, después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba allí solo. Mientras tanto, la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. De madrugada se les acercó Jesús, andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma.

Jesús les dijo en seguida: «¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!»

Pedro le contestó: «Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua.»
Él le dijo: «Ven.»
Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua, acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: -«Señor, sálvame.»
En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: «¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?»
En cuanto subieron a la barca, amainó el viento.
Los de la barca se postraron ante él, diciendo: «Realmente eres Hijo de Dios.»

Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret. Y los hombres de aquel lugar, apenas lo reconocieron, pregonaron la noticia por toda aquella comarca y trajeron donde él a todos los enfermos. Le pedían tocar siquiera la orla de su manto, y cuantos la tocaron quedaron curados.
Mateo 14, 22-36

domingo, 2 de agosto de 2026

EVANGELIO DEL DOMINGO. SEMANA 18 DEL TIEMPO ORDINARIO


EVANGELIO

En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan Bautista se marchó de allí en barca, a solas, a un lugar desierto.
Cuando la gente lo supo, lo siguió por tierra desde los poblados.
Al desembarcar vio Jesús una multitud, se compadeció de ella y curó a los enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle:
«Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren comida».
Jesús les replicó:
«No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer».
Ellos le replicaron:
«Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces».
Les dijo:
«Traédmelos».
Mandó a la gente que se recostara en la hierba y tomando los cinco panes y los dos peces, alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos y se saciaron y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.


Mateo  14, 13-21
COMENTARIO

Mateo sitúa el evangelio de hoy tras la muerte del Bautista, en un tiempo de oración que debió buscar Jesús, quizás para serenar su espíritu.

En ningún momento habló Jesús de "multiplicar" nada. Más bien debió pensar que la realidad puede "dar de sí" más de lo que pensamos. Por eso el texto está atravesado por tres conflictos que no pocas veces tensionan nuestras opciones cordiales.

En primer lugar la tensión entre la des-preocupación  y la empatía. Allí donde los discípulos no ven otra posibilidad más que "despedir a la gente" para que se busque la vida (la comida), Jesús contempla la realidad con otros ojos: "dadles vosotros de comer"

Es el eterno conflicto entre la cabeza y el corazón. Darle una oportunidad más a la vida (a las personas, las instituciones...) en cualquiera de sus situaciones adversas, quizás sea la única manera de hacerla llevadera.

En segundo lugar, la tensión entre el desánimo y el realismo. Los discípulos y Jesús veían lo mismo -"cinco panes y dos peces"-; a los primeros les parece insuficiente, pero a Jesús le parece el comienzo de la solución. 

La diferencia está en el ánimo (en el alma) que Jesús pone en las cosas. Imagino a Jesús diciendo: "es poco, pero con esto es con lo que hay que trabajar". 

Nuestra vida es la que es; nuestros medios son los que son; nuestros políticos son lo que son; nuestros obispos y jerarcas de segundo y tercer nivel son los que son, nuestras parroquias hacen lo que pueden, cada uno de nosotros llegamos a lo que llegamos.... pero ánimo "traédmelos"... la solución pasa por ellos. Desde Jesús, nunca el realismo fue tan esperanzador.

En tercer lugar, la tensión entre la des-esperación y la esperanza. Acaba el texto afirmando que "comieron, se hartaron y se recogió lo que sobró"

Allá por el siglo XIV, una mística anacoreta inglesa, Juliana de Norwich, no se cansaba de hablar del Dios Madre como aquella, que hace todo lo posible para que "todo acabe bien"

Es la mirada esperanzada la única que, en ocasiones, puede orientarnos en medio de las incertidumbres. La esperanza no quita el conflicto, la herida y el dolor, pero lo re-sitúa en el horizonte de nuestra vida.

sábado, 1 de agosto de 2026

EVANGELIO DEL SÁBADO. SEMANA 17 DEL TIEMPO ORDINARIO


EVANGELIO
En aquel tiempo oyó el virrey Herodes lo que se contaba de Jesús, y dijo a sus ayudantes: «Ese es Juan Bautista que ha resucitado de entre los muertos, y por eso los Poderes actúan en él.»
Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel encadenado por motivo de Herodías, mujer de su hermano Felipe, porque Juan le decía que no le estaba permitido vivir con ella. Quería mandarlo matar, pero tuvo miedo de la gente, que lo tenía por profeta. El día del cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó delante de todos, y le gustó tanto a Herodes, que juró darle lo que pidiera. Ella, instigada por su madre, le dijo: «Dame ahora mismo en una bandeja la cabeza de Juan Bautista.»
El rey lo sintió; pero, por el juramento y los invitados, ordenó que se la dieran; y mandó decapitar a Juan en la cárcel. Trajeron la cabeza en una bandeja, se la entregaron a la joven, y ella se la llevó a su madre. Sus discípulos recogieron el cadáver, lo enterraron y fueron a contárselo a Jesús. 

Mateo  14, 1-12