A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y la felicitaban. A los ocho días fueron a circuncidar al niño, y lo llamaban Zacarías, como a su padre. La madre intervino diciendo: «¡No! Se va a llamar Juan.» Le replicaron: «Ninguno de tus parientes se llama así.» Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre.» Todos se quedaron extrañados. Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios. Los vecinos quedaron sobrecogidos, y corrió la noticia por toda la montaña de Judea. Y todos los que lo oían reflexionaban diciendo: «¿Qué va a ser este niño?» Porque la mano del Señor estaba con él.
Parroquia de Liétor
Iglesia De Santiago Apóstol. Liétor. Albacete
miércoles, 24 de junio de 2026
EVANGELIO DEL MIÉRCOLES 24 DE JUNIO. FESTIVIDAD DE SAN JUAN
A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y la felicitaban. A los ocho días fueron a circuncidar al niño, y lo llamaban Zacarías, como a su padre. La madre intervino diciendo: «¡No! Se va a llamar Juan.» Le replicaron: «Ninguno de tus parientes se llama así.» Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre.» Todos se quedaron extrañados. Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios. Los vecinos quedaron sobrecogidos, y corrió la noticia por toda la montaña de Judea. Y todos los que lo oían reflexionaban diciendo: «¿Qué va a ser este niño?» Porque la mano del Señor estaba con él.
martes, 23 de junio de 2026
EVANGELIO DEL MARTES. SEMANA 12 DEL TIEMPO ORDINARIO.
-«No deis lo santo a los perros, ni les echéis vuestras perlas a los cerdos; las pisotearán y luego se volverán para destrozaros.
Tratad a los demás como queréis que ellos os traten; en esto consiste la Ley y los profetas.
Entrad por la puerta estrecha. Ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos entran por ellos.
¡Qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida! Y pocos dan con ellos.»
lunes, 22 de junio de 2026
EVANGELIO DEL LUNES. SEMANA 12 DEL TIEMPO ORDINARIO
domingo, 21 de junio de 2026
EVANGELIO DEL DOMINGO. SEMANA 12 DEL TIEMPO ORDINARIO
«No tengáis miedo a los hombres, porque nada hay encubierto, que no llegue a descubrirse; ni nada hay escondido, que no llegue a saberse.
Lo que os digo en la oscuridad, decidlo a la luz, y lo que os digo al oído, pregonadlo desde la azotea.
No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No; temed al que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la “gehenna”. ¿No se venden un par de gorriones por un céntimo? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo: valéis más vosotros que muchos gorriones.
A quien se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre que está en los cielos».
Mateo 10, 26-33
Jesús repite: «No tengáis miedo». Y lo repite porque sabe que el miedo no solo paraliza el cuerpo; también puede matar el alma: el ánimo, la ilusión, el aliento de vida, las ganas de seguir.
Podríamos hacer hoy una pequeña cartografía del miedo. Está, primero, el miedo a no valer. Nace de los complejos, de las frustraciones, de las heridas que arrastramos. A veces no hace falta que nadie nos destruya desde fuera: nosotros mismos nos vamos apagando por dentro. Nos decimos: “no sirvo”, “no puedo”, “ya no estoy a la altura”. Y Jesús responde: «Valéis más que muchos gorriones». Tu vida no vale por tus éxitos, ni por tu imagen, ni por tus resultados. Vale porque eres mirado y sostenido por Dios.
Está también el miedo a los demás: a no gustar, a decepcionar, a perder el aplauso fácil. Vivimos pendientes de lo que esperan de nosotros, y así dejamos de vivir desde dentro. Por eso Jesús dice: «Lo que os digo al oído, pregonadlo desde la azotea». No escondas tu verdad. No vendas tu alma por un poco de aprobación.
Hay otro miedo más silencioso: el miedo a no ser reconocido. Uno se entrega, cuida, trabaja, sostiene… y siente que nadie lo ve. Entonces se muere el ánimo. Pero el Evangelio recuerda: «Hasta los cabellos de vuestra cabeza tenéis contados». Lo que nadie ve, Dios lo ve. Y nosotros tenemos una tarea: valorar al de al lado. A veces basta decir: “gracias”, “he visto lo que haces”, “tu presencia importa”.
Y está el miedo a creer de verdad. Porque tener convicciones compromete. Por eso nos refugiamos en la indiferencia: que nada nos afecte demasiado, que nada nos exija demasiado. Pero también la indiferencia mata el alma. Jesús no pide fanatismo; pide hondura, verdad, una forma reconocible de amar y estar en el mundo.
La cartografía del miedo no termina en la angustia, sino en la confianza. Jesús no promete que todo será fácil. Promete algo más profundo: que el miedo no tiene derecho a gobernar nuestra alma.
Quizá hoy la pregunta sea sencilla y seria: ¿qué miedo me está matando por dentro? ¿El miedo a no valer? ¿A no ser querido? ¿A no ser reconocido? ¿A comprometerme? ¿A que mi vida no importe?
Poner nombre al miedo ya es empezar a quitarle poder. Y escuchar a Jesús decir «no tengáis miedo» es empezar a recuperar el alma.
jueves, 18 de junio de 2026
EVANGELIO DEL JUEVES. SEMANA 11 DEL TIEMPO ORDINARIO
Mateo 6, 7-15
La oración de Jesús es un exilio de la palabra al silencio. No porque la palabra no valga, sino porque puede gastarse, hincharse, hacerse ruido. Jesús no desprecia las palabras; las purifica. Las devuelve a su raíz. Nos enseña que orar no consiste en hablar mucho, sino en decir lo verdadero.
Por eso vuelve a lo mínimo. Y en la fe, lo mínimo suele ser lo máximo.
Decir Padre/Madre: reconocer que la vida no empieza en nosotros, que no somos origen absoluto, que venimos de una fuente que nos sostiene antes de cualquier mérito.
Decir pan: aceptar que somos necesitados, que no vivimos solo de ideas, que cada día hay que recibir lo suficiente para seguir caminando.
Decir hermano: descubrir que nadie se salva solo, que la oración se falsifica cuando no se abre al perdón, al cuidado y a la responsabilidad por el otro.
El Padrenuestro no acumula palabras. Concentra la existencia. Nos saca de la palabrería y nos lleva a lo esencial: filiación, necesidad, fraternidad. Ahí cabe casi todo. El fundamento, el alimento y el vínculo.
También la evangelización necesita este exilio. No puede convertirse en una experiencia saturada de gestos sin fondo, de apariencias que brillan pero no transforman, de palabras abundantes pero sin vida. Hay una pastoral que puede llenar mucho y alimentar poco; impresionar mucho y acompañar poco; sonar mucho y decir poco.
Jesús nos recuerda que la verdad no necesita siempre volumen. A veces necesita hondura. No necesita exceso de explicación, sino transparencia. No necesita espectáculo, sino presencia. No necesita palabras multiplicadas, sino palabras habitadas.
Evangelizar será, entonces, ayudar a otros a volver a lo esencial: a saberse hijos, a pedir el pan de cada día, a reconocer al otro como hermano. Y quizá solo desde ahí nuestras palabras recuperen peso, nuestros gestos recuperen verdad y nuestro silencio deje de ser vacío para convertirse en espacio de Dios.
El exilio de la palabra al silencio no es empobrecer la fe. Es devolverle respiración. Es dejar que lo mínimo vuelva a decirlo todo.


