Parroquia de Liétor
Iglesia De Santiago Apóstol. Liétor. Albacete
lunes, 13 de abril de 2026
EVANGELIO DEL LUNES. SEMANA 2 DEL TIEMPO DE PASCUA.
domingo, 12 de abril de 2026
EVANGELIO DEL DOMINGO. SEMANA 2 DE PASCUA
Y diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
–Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.
Y dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:
–Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados; a quienes se los retengáis les quedarán retenidos.
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:
–Hemos visto al Señor.
Pero él les contestó:
–Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.
A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:
–Paz a vosotros
Luego dijo a Tomás:
–Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.
Contestó Tomás:
–¡Señor mío y Dios mío !
Jesús le dijo:
–¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.
Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su Nombre.
La primera clave es esta: no se puede creer solo de oídas. La fe no nace de repetir fórmulas ni de aceptar sin más lo que otros dicen. Necesita experiencia, encuentro, algún modo real de ser tocados por su presencia. Tomás no pide un espectáculo ni una emoción fácil; necesita reconocer que el Resucitado es verdaderamente el mismo Jesús que fue crucificado. También hoy sucede algo semejante: una fe meramente heredada, convencional o prestada acaba debilitándose. En algún momento cada creyente necesita hacer experiencia personal de que Cristo no pertenece solo al pasado, sino que sigue siendo una presencia viva.
La segunda clave es que no se puede creer por libre. La fe cristiana no es una aventura aislada ni una construcción privada. Tomás, mientras queda fuera del grupo, permanece encerrado en su incredulidad; cuando vuelve a estar con los otros, allí acontece el encuentro. La comunidad no elimina mágicamente la duda, pero sí se convierte en el lugar donde la memoria de Jesús se mantiene viva, donde unos sostienen la fe de otros y donde el rostro del Señor se deja entrever en la vida compartida. No se cree sin los otros, porque el otro puede ser mediación para el encuentro con Dios; en el hermano concreto, sobre todo en el herido, resuena siempre aquella palabra: “cada vez que lo hicisteis con uno de estos…”.
Y la tercera clave es quizá la más decisiva: se cree a partir de las llagas y a pesar de las llagas. Jesús resucitado no aparece borrando las heridas, sino mostrándolas. Eso corrige de raíz una imagen falsa de la fe: no se cree al margen del conflicto, ni desde una religiosidad dulzona, evasiva o casi bobalicona, que convierte la fe en refugio para no afrontar la dureza de la vida. El evangelio va por otro camino. Creer no es disponer de un antídoto contra el mal, ni quedar a salvo de la herida, ni vivir en una serenidad artificial. Creer es atravesar el conflicto sin negar su dureza, sostenerse en medio de la noche y descubrir que el mal no tiene la última palabra.
Por eso Tomás termina confesando: “Señor mío y Dios mío”. No llega a esa fe huyendo de la realidad, sino entrando hasta el fondo en ella; no aislándose, sino en comunidad; no negando las heridas, sino reconociéndolas en el cuerpo del Resucitado. También nosotros creemos así: no de oídas, no en solitario, y no al margen de las llagas, sino en medio de ellas y con la esperanza de que la Vida puede abrirse paso incluso ahí.
miércoles, 8 de abril de 2026
EVANGELIO DEL MIERCOLES. SEMANA 1 DE PASCUA
Ellos se detuvieron preocupados.
Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le replicó: «¿Eres tú el único forastero en Jerusalén, que no sabes lo que ha pasado allí estos días?»
Él les preguntó: «¿Qué?»
Ellos le contestaron: «Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; como lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel. Y ya ves: hace ya dos días que sucedió esto. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado: pues fueron muy de mañana al sepulcro, no encontraron su cuerpo, e incluso vinieron diciendo que habían visto una aparición de ángeles, que les habían dicho que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron.»
Entonces Jesús les dijo: «¡Qué necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria?»
Y, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura.
Ya cerca de la aldea donde iban, él hizo ademán de seguir adelante; pero ellos le apremiaron, diciendo: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída.»
Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció.
Ellos comentaron: «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?»
Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: «Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón.»
Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.
Pero es justamente ahí donde Jesús se acerca. No se impone. Camina con ellos, les escucha, les pregunta y les ayuda a releer lo vivido. El Resucitado no borra su decepción de golpe; les enseña a entenderla desde la Escritura. Por eso, antes de reconocerlo con los ojos, empieza a arderles el corazón.
Y el momento decisivo llega en la mesa. Lo reconocen al partir el pan. Ahí Lucas nos deja una de las claves mayores de la Pascua: Jesús vive y se deja reconocer en la Palabra compartida y en el pan partido.
Pero partir el pan no es solo celebrar un rito. Es expresar una forma de vivir. En ese gesto aparece concentrada toda la vida de Jesús: una vida entregada, ofrecida, hecha alimento para otros. Por eso la Eucaristía no es solo comulgar; es aprender a ser pan para los demás.
Y hay una señal clara de que lo han reconocido de verdad: dejan de huir y vuelven a Jerusalén. El encuentro con el Resucitado no nos encierra en la emoción; nos devuelve a la comunidad y nos pone otra vez en camino.
domingo, 5 de abril de 2026
sábado, 4 de abril de 2026
SÁBADO SANTO
LA PALABRA




