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jueves, 23 de abril de 2026

EVANGELIO DEL JUEVES. SEMANA 3 DEL TIEMPO DE PASCUA.





EVANGELIO
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: - «Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: "Serán todos discípulos de Dios". 
Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende viene a mí. No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que procede de Dios: ése ha visto al Padre. Os lo aseguro: el que cree tiene ya la vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron: éste es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.»

Juan   6, 44-51

COMENTARIO

La veta "dolorosa" o "dolorista" de la fe cristiana ha prendido más que su matriz "gozosa" o "gloriosa". O dicho con otras palabras, puestos a formar una cofradía, antes se nos ocurre comprar una "dolorosa" o un "crucificado" que a un "cristo resucitado-glorioso".

La fe cristina siempre ha tenido problemas para "vérselas" con el gozo y el placer del vivir. Por eso, la vida plena-eterna-gloriosa la hemos dejado para "la otra vida"; mientras tanto, nos toca estar en este "valle de lágrimas"... haciendo méritos...y si es posible...sufriendo (porque si no no tiene mérito).

Este esquema resulta nefasto; porque empezamos la casa por el tejado. Cristo no dijo sufre para encontrar la "gloria", sino que más bien nos invita a acoger su "dicha" y redimensonar nuestras cruces desde ella.

Por eso dice el texto de hoy que "si creemos tenemos ya la vida eterna". Cristo es la "llave", la "puerta" (diremos el domingo que viene), y a partir de ahí todo puede ser visto "de otro modo".

Si traemos el texto al hoy de nuestra vida, hoy podría ser un buen día para caer en la cuenta de que tan importante puede ser llegar a la eternidad como sentir que la eternidad llegue a ti. Dicho con otras palabras, tan importante es creer que nos espera un futuro de sentido pleno, como vivir cada día dando sentido pleno a lo que hacemos.

No sin ciertas “licencias” de traducción, la frase de Jesús “el que cree tiene ya la vida eterna” podría ser traducida por: “el que cree ha encontrado ya el sentido de su vida”.

Desde esta clave, independientemente de contemplar "paraísos pasados" o postular "paraísos futuros", la gran apuesta cristiana se vive en tiempo real; se trata de un "modo de vida", una manera de comer ("este es el pan que baja de cielo") que implica una manera de vivir ("para que el que coma de él no muera).

O dicho con otras palabras: "...¿cuándo te vimos hambriento...sediento....enfermo....desnudo; y contestó Jesús ...cada vez que lo hicisteis con uno de estos, los más pequeños, ...conmigo lo hicisteis" (Mateo 25, 31-45).



miércoles, 22 de abril de 2026

EVANGELIO DEL MIÉRCOLES. SEMANA 3 DEL TIEMPO DE PASCUA


EVANGELIO
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: - «Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed; pero, como os he dicho, me habéis visto y no creéis.
Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré afuera, porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado. Ésta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que me dio, sino que lo resucite en el último día. Esta es la voluntad de mi Padre:'que todo el que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.»

Juan   6, 35-40

martes, 21 de abril de 2026

EVANGELIO DEL MARTES. SEMANA 3 DEL TIEMPO DE PASCUA

 


EVANGELIO
En aquel tiempo, dijo la gente a Jesús: - «¿Y qué signo vemos que haces tú, para que creamos en ti? ¿Cuál es tu obra?
Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: "Les dio a comer pan del cielo."» Jesús les replicó: - «Os aseguro que no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo.» Entonces le dijeron: - «Señor, danos siempre de este pan.» Jesús les contestó: - «Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed.»

Juan   6, 30-35


lunes, 20 de abril de 2026

EVANGELIO DEL LUNES. SEMANA 3 DEL TIEMPO DE PASCUA.


EVANGELIO
Después que Jesús hubo saciado a cinco mil hombres, sus discípulos lo vieron caminando sobre el lago. Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del lago notó que allí no habla habido más que una lancha y que Jesús no había embarcado con sus discípulos, sino que sus discípulos se habían marchado solos.

domingo, 19 de abril de 2026

EVANGELIO DEL DOMINGO. SEMANA 3 DEL TIEMPO DE PASCUA

 

EVANGELIO
Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día, el primero de la semana, a una aldea llamada Emaús, distante unas dos leguas de Jerusalén; iban comentando todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.
Él les dijo: «¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?»
Ellos se detuvieron preocupados.
Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le replicó: «¿Eres tú el único forastero en Jerusalén, que no sabes lo que ha pasado allí estos días?»
Él les preguntó: «¿Qué?»
Ellos le contestaron: «Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; como lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel. Y ya ves: hace ya dos días que sucedió esto. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado: pues fueron muy de mañana al sepulcro, no encontraron su cuerpo, e incluso vinieron diciendo que habían visto una aparición de ángeles, que les habían dicho que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron.»
Entonces Jesús les dijo: «¡Qué necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria?»
Y, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura.
Ya cerca de la aldea donde iban, él hizo ademán de seguir adelante; pero ellos le apremiaron, diciendo: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída.»
Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció.
Ellos comentaron: «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?»
Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: «Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón.»
Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.


Lucas   24, 13-35

COMENTARIO

El relato de Emaús no cuenta solo una aparición de Jesús resucitado. Cuenta cómo vuelve a nacer la fe en dos discípulos derrotados. Se alejan de Jerusalén, se alejan de la esperanza, y van diciendo la frase más triste del texto: “Nosotros esperábamos…”. Esperaban otra cosa de Jesús. Y ahora todo les parece acabado.

Pero es justamente ahí donde Jesús se acerca. No se impone. Camina con ellos, les escucha, les pregunta y les ayuda a releer lo vivido. El Resucitado no borra su decepción de golpe; les enseña a entenderla desde la Escritura. Por eso, antes de reconocerlo con los ojos, empieza a arderles el corazón.

Y el momento decisivo llega en la mesa. Lo reconocen al partir el pan. Ahí Lucas nos deja una de las claves mayores de la Pascua: Jesús vive y se deja reconocer en la Palabra compartida y en el pan partido.

Pero partir el pan no es solo celebrar un rito. Es expresar una forma de vivir. En ese gesto aparece concentrada toda la vida de Jesús: una vida entregada, ofrecida, hecha alimento para otros. Por eso la Eucaristía no es solo comulgar; es aprender a ser pan para los demás.

Y hay una señal clara de que lo han reconocido de verdad: dejan de huir y vuelven a Jerusalén. El encuentro con el Resucitado no nos encierra en la emoción; nos devuelve a la comunidad y nos pone otra vez en camino.