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viernes, 21 de agosto de 2026

EVANGELIO DEL VIERNES. SEMANA 20 DEL TIEMPO ORDINARIO

 



EVANGELIO
En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús habla hecho callar a los saduceos, formaron grupo, y uno de ellos, que era experto en la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba:
- «Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?»
Él le dijo:
- “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser.”
Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él:
"Amarás a tu prójimo como a ti mismo."
Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas.»

Mateo   22, 34-40
COMENTARIO

Aunque no existe en el diccionario el verbo «aprojimar», bien podríamos decir hoy que Jesús «aprojima» a Dios. El amor a Dios y el amor al prójimo quedan tan unidos que casi parecen las dos caras de una misma hoja.

Eso dice el evangelio. Toda la Ley se sostiene sobre dos afirmaciones: amar a Dios y amar al prójimo. Y Jesús no inventa nada nuevo: une dos textos de la tradición de Israel y afirma que el segundo mandamiento es «semejante» al primero.

El amor pertenece a esas experiencias humanas elementales que tienen que ver con el cuidado, la protección, la ternura, la necesidad del otro. Antes de saber explicar qué es amar, ya sabemos lo que significa sentirnos cuidados o necesitar a alguien.

Por eso no existe un amor puramente teórico. El amor, cuando es real, termina tomando cuerpo: se convierte en presencia, atención, entrega, cuidado. Todos somos, de alguna manera —entiéndase bien—, mendigos del amor.

La primera carta de Juan lleva esta intuición todavía más lejos: «A Dios nadie le ha visto nunca. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros». El Dios invisible se hace reconocible en algo tan concreto como el amor entre personas.

Y unos versículos después Juan parece ir todavía más lejos: «Quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve». Es difícil decirlo con más claridad.

Jesús no acerca simplemente al prójimo a Dios; de alguna manera, «aprojima» a Dios. Impide pensar en Dios al margen de la suerte concreta de los demás.

Por eso, para Jesús, los espacios y los tiempos sagrados son muy concretos: el espacio sagrado es la distancia que te separa del rostro del prójimo y que tú decides recorrer; y el tiempo sagrado es lo que tardas en ponerte a servirle.

jueves, 20 de agosto de 2026

EVANGELIO DEL JUEVES. SEMANA 20 DEL TIEMPO ORDINARIO.

 

 

EVANGELIO
En aquel tiempo, de nuevo tomó Jesús la palabra y habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los convidados a la boda, pero no quisieron ir. Volvió a mandar criados, encargándoles que les dijeran: "Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas, y todo está a punto. Venid a la boda." Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios; los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos. El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: "La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda." Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: "Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?" El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los camareros: "Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes." Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos.»


Mateo  22, 1-14