DÍA SEXTO
SOMOS HIJOS DE LA SABIDURÍA
La sonrisa del sabio
Texto bíblico:
Lectura del libro del Eclesiástico
El corazón del necio es como vaso roto: no retiene ninguna enseñanza.
La explicación del necio es como carga en el camino, pero en los labios del prudente se encuentra gracia.
El necio mira por la puerta hacia dentro de la casa; el hombre educado se queda fuera.
En la boca de los necios está su corazón; pero el corazón de los sabios está en su boca.
El necio levanta la voz al reír, pero el sabio apenas sonríe en silencio.
Palabra de Dios.
Frase:
«Solo hay que pararse, callar, mirar y sonreír. Esa es la clave para la transformación».
Pablo D’Ors.
Experiencia:
Vivimos en un tiempo de mucho ruido. Todo parece pedirnos visibilidad, reacción inmediata, brillo, apariencia. Como si existir fuera hacerse notar.
A veces incluso la risa puede convertirse en máscara. No toda risa nace de la alegría. Hay risasque protegen, que disimulan, que levantan una especie de muro entre lo que mostramos y lo que realmente vivimos.
Reímos para parecer seguros, aunque por dentro estemos llenos de dudas.
Reímos para llenar silencios, porque nos incomoda detenernos, escuchar, dejar que algo verdadero aparezca.
“Se ríe hasta de su sombra”… decimos. Reímos también para demostrar que estamos por encima de todo: por encima del dolor, de la fragilidad, incluso de los demás.
Esa risa puede hacerse dura. Puede volverse ironía, defensa, distancia. Nos hace fuertes, pero en realidad nos encierra.
Meditación:
La sonrisa del sabio es discreta, pero no pobre; contenida, pero no fría. No nace de la necesidad de agradar ni de la voluntad de imponerse. Brota de una vida interior pacificada, capaz de mirar la realidad sin precipitarse sobre ella.
Es una sonrisa lúcida. Por eso el sabio sonríe en silencio: porque ha aprendido a distinguir entrepresencia y protagonismo.
No convierte la alegría en espectáculo. Es una sonrisa que nace de la medida, de la atención y del dominio de sí.
Hay en ella una forma de inteligencia espiritual: la de quien no necesita demostrar que sabe, que puede o que vale. El sabio no invade, sino que serena; no deslumbra, sino que acompaña; no ocupa el centro, sino que abre espacio.
María:
María guarda todas las cosas en su corazón y sabe cuándo hablar y cuándo callar.
Su silencio fecundo y su sonrisa serena nos enseñan a confiar en Dios.
Compromiso:
Cultivaré una alegría serena, sin buscar reconocimiento.
Sonreiré a los demás desde la paz del corazón.
Oración:
Dios de la sabiduría,
Que mi sonrisa sea reflejo de tu presencia.
Amén.
