viernes, 11 de septiembre de 2015

VIERNES DE LA SEMANA XXIII. EL EVANGELIO DEL 11 DE SEPTIEMBRE


EVANGELIO

En aquel tiempo, dijo Jesús a los discípulos una parábola:

-«¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo?

Un discípulo no es más que su maestro, sí bien, cuando termine su aprendizaje, será como su maestro.
¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: "Hermano, déjame que te saque la mota del ojo", sin fijarte en la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Sácate primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la mota del ojo de tu hermano.»

Lucas  6, 39-42


COMENTARIO

El texto de hoy pertenece a ese esbozo de "teología del sentido común" que hace de Jesús una persona fascinante y del evangelio un texto genial. Es fácil convertirse en “en juez de todo” o en “juez de nada”. Es fácil, pero es "cansado", "cansino" y además inútil. 

¿O acaso no os resultan desesperantes las personas que permanentemente están juzgando(te) todo? Son desesperantes... cual moscas cansinas propias de un septiembre que irremediablemente se derrite a pesar de su lento y blando discurrir...

Los “jueces de todo” hacen de su vida un estrado y de su apariencia una toga; son impasibles, es decir, in-humanos. Por otra parte están los que “no juzgan nada”, es decir, hacen del des-compromiso la mejor manera de justificar todo un proyecto de persona basado en el “no disturb”.

Los extremos son perversos. Entre tener una “medida impasible” o “no tener medida”, se trata de elegir no ya “un punto medio” (que no existe), sino más bien “un punto posible”. El “punto posible” es tu propia vida. Usa con los demás sólo la medida que tu estés dispuesto a “usar contigo mismo”. O dicho con otras palabras, si preferimos, más espirituales: "quien esté libre de pecad que tire la primera piedra"


Precisamente por eso, personalmente me entristece comprobar cómo en ocasiones el “discurso de la Iglesia” es tan ideal como inalcanzable, y lejos de usarse como una “referencia” de llegada, se usa como una “espada de Damocles”. Y así nos va, muchos, para cuando la espada caiga, ya se han ido hacia otros lugares… “y con razón”.

PD. El comentario de hoy está casi auto-retro-versionado del paralelo de San Mateo de hace un par de meses... creo.

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