EVANGELIO
En aquel tiempo, mientras enseñaba en el templo, Jesús preguntó: "¿Cómo dicen los escribas que el Mesías es hijo de David? El mismo David, inspirado por el Espíritu Santo, dice: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, y haré de tus enemigos estrado de tus pies." Si el mismo David lo llama Señor, ¿cómo puede ser hijo suyo?". La gente, que era mucha, disfrutaba escuchándolo.
Marcos 12, 35-37
COMENTARIO
Yo francamente, en la lectura continua de Marcos,
me hubiera saltado este fragmento porque requiere de mucha explicación de corte
“técnico”. Disculpad la la “explicación”, pero es que si no se puede “rascar”
mucho en el texto.
Efectivamente, en las Escrituras, que manejaban y
explicaban los letrados, había textos
que presentaban al Mesías como perteneciente a la dinastía del rey David.
Además, el pueblo entusiasmado había
aclamado a Jesús, en su entrada en Jerusalén, como el realizador del reinado de
David (Mc 11, 10). Y antes lo
había aclamado igualmente el ciego de Jericó (Mc 10, 47). Todo esto suponía que los letrados le
enseñaban a la gente que el Mesías tenía que ser, como David, un rey guerrero,
victorioso y nacionalista, que vendría para expulsar a los romanos, si era
necesario, con violencia.
Jesús prefirió ser identificado con
dos imágenes que reflejaban mejor su misión: «El Buen Pastor», imagen tomada
del libro del profeta Ezequiel. Y con «El siervo de Yahvé» que entrega su vida
para la salvación del pueblo, según es descrito en el libro del profeta Isaías.
Jesús, para referirse a sí mismo
utilizaba el título de «Hijo del hombre», expresión que aparece en el libro de
Daniel y que expresa la idea de un Mesías sencillo y humil- de; que une su
suerte a la suerte del pueblo que sufre; cercano a las gentes.
En el fondo del texto de hoy viene
Jesús a des-vincularse de esa “necesidad” de ser de la estirpe de David con lo
que ello conllevaba. Aunque su des-vinculación la presente como una especie de “acertijo”
tal y como a él le tenían acostumbrados “letrados y fariseos”.
Cuando traemos el texto al “hoy” de
nuestra vida nos pone sobre aviso del peligro que tiene el hecho de que nos “apropiemos”
del mensaje de Jesús. Por ser cura, religioso o religiosa consagrados, seglares
comprometidos….o simplemente personas que vayamos a misa regularmente, en
ocasiones podemos caer en el error de pensar que “por nosotros más que por
otros habla el Señor”.
Y… no digo yo que no pudiera ser así…pero si habla no es
porque pasemos más tiempo en la Iglesia (algunos pasamos mucho tiempo), sino
porque somos “personas humanas”, hombres y mujeres en la que anida la semilla
de Dios, o la prenda y el aliento de su Espíritu.
Creo que no hay cristianos o
cristianas de “estirpe de elite”. Hay cristianos y cristianas que han descubierto
la gozosa posibilidad de compartir ese sentimiento con otros.
Pero ni eso es
una ventaja, ni mucho menos debemos “apropiárnoslo” como una ventaja.
Simplemente hemos “caído en la cuenta” de algo que puede llenar un poco de
sentido nuestra vida.
Por otra parte, si es verdad que el Espíritu
sopla donde quiere, siempre deberíamos tener los oídos abiertos a su insospechada
presencia en cualquier ser humano.
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