martes, 12 de mayo de 2015

MARTES DE LA VI SEMANA DE PASCUA, EL EVANGELIO DEL 12 DE MAYO


EVANGELIO

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: - «Ahora me voy al que me envió, y ninguno de vosotros me pregunta: "¿Adónde vas?" Sino que, por haberos dicho esto, la tristeza os ha llenado el corazón. Sin embargo, lo que os digo es la verdad: os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Defensor. En cambio, si me voy, os lo enviaré. Y cuando venga, dejará convicto al mundo con la prueba de un pecado, de una justicia, de una condena. De un pecado, porque no creen en mí; de una justicia, porque me voy al Padre, y no me veréis; de una condena, porque el Príncipe de este mundo está condenado.»
Juan   16 , 5-11

COMENTARIO

Empezamos ya, con el evangelio de hoy y con esta penúltima semana de Pascua, la preparación de la fiesta de Pentecostés, la fiesta del Espíritu Santo. Un día sí y otra también aparecerá esta “figura” divina llamada por la tradición Espíritu, Defensor, Paráclito…Los textos nos permitirán aproximarnos a esta realidad desde muchos matices.

Particularmente el “matiz” de hoy a mi me resulta muy incómodo. Hay una expresión, compartida también con otros evangelistas, que es muy dura: “llegará incluso una hora cuando el que os dé muerte pensará que da culto a Dios”. Es un texto muy duro porque, dependiendo desde dónde lo leamos, sus aplicaciones son muy variadas. 

Lo que está claro es que Jesús avisa de que el “conflicto” está asegurado para aquellos que pretendan mantenerse fieles a su manera de vivir. La conflictividad histórica del cristianismo, es decir, esa especial capacidad para no huir de los problemas que va planteando la vida y “hacerles cara”, forma parte también de la dimensión religiosa de la vida.

La religión cristiana no es una religión de la “huida”, sino de la “permanencia”. Porque, como bien sabemos, “la permanencia en el amor”, incorpora en no pocas ocasiones alguna que otra dosis de sufrimiento. Como dijo aquel, “el sacrificio que no nace del amor no tiene sentido, y el amor que no está dispuesto al sacrificio no es auténtico”.

Ciertamente esta conflictividad no se vive al mismo nivel en países donde abundan los fundamentalismos irracionales, que en países donde, a pesar de la pluralidad, podemos convivir personas con maneras de pesar distintas. 

En este sentido creo que tendríamos que tener mucho cuidado los cristianos que vivimos en países democráticos, porque no es lo mismo “un ataque al corazón que un dolor de muelas” (disculpad los ejemplos, pero es que como es lunes no quiero ser más explícito por no empezar la semana con mucha violencia).

Y, salvando las distancias, tengamos cuidado de paso, no sea que sin querer, como nuevos neo-fariseos, pesando que “estamos dando culto a dios” (yo no me atrevo a ponerlo con mayúscula), apaguemos voces críticas interesantes, manifestaciones del Espíritu sugerentes, y experiencias reveladoras de Dios de las que, como Iglesia necesitada de reforma, podríamos aprender.





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