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viernes, 17 de abril de 2026

EVANGELIO DEL VIERNES. SEMANA 2 DEL TIEMPO DE PASCUA



EVANGELIO
En aquel tiempo, Jesús se marchó a la otra parte del lago de Galilea (o de Tiberíades). Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía con los enfermos.
Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos.
Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Jesús entonces levantó los ojos, y al ver que acudía mucha gente dijo a Felipe:
–¿Con qué compraremos panes para que coman éstos ? (lo decía para tantearlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer).
Felipe le contestó:
–Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo.
Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro le dijo:
–Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y un par de peces, pero, ¿qué es eso para tantos?
Jesus dijo:
–Decid a la gente que se siente en el suelo.
Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron: sólo los hombres eran unos cinco mil.
Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados; lo mismo todo lo que quisieron del pescado.
Cuando se saciaron, dijo a sus discípulos:
–Recoged los pedazos que han sobrado; que nada se desperdicie.
Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido.
La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía:
–Este sí que es el Profeta que tenía que venir al mundo.
Jesús entonces, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña, él solo.
Juan  6, 1-15

jueves, 16 de abril de 2026

EVANGELIO DEL JUEVES. SEMANA 2 DEL TIEMPO DE PASCUA

 

EVANGELIO
En aquel tiempo dijo Juan, el Bautista:
El que viene de lo alto está por encima de todos. El que es de la tierra es de la tierra y habla de la tierra. El que viene del cielo está por encima de todos. De lo que ha visto y ha oído da testimonio, y nadie acepta su testimonio. 
El que acepta su testimonio certifica la veracidad de Dios. El que Dios envió habla las palabras de Dios, porque no da el Espíritu con medida. El Padre ama al Hijo y todo lo ha puesto en su mano. El que cree en el Hijo posee la vida eterna; el que no crea al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él.

Juan   3, 31-36


miércoles, 15 de abril de 2026

EVANGELIO DEL MIÉRCOLES. SEMANA 2 DEL TIEMPO DE PASCUA

 


EVANGELIO
Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. 
El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios. El juicio consiste en esto: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra perversamente detesta la luz y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras. En cambio, el que realiza la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.

Juan   3, 16-21

COMENTARIO

El diálogo de Jesús con Nicodemo abre hoy tres escenarios decisivos.

Escenario primero: “Nicodemo, Dios no mira el mundo para hundirlo, sino para salvarlo”

Este es el punto de partida. No comenzamos por el pecado del mundo, sino por el amor de Dios al mundo. Jesús no aparece como amenaza, sino como don. No viene a aplastar, sino a rescatar. No viene a cerrar historias, sino a abrirlas.

Eso obliga a revisar una tentación muy vieja: vivir instalados en el juicio. Es fácil levantarse cada mañana con gesto de tribunal: medir, clasificar, condenar, sentenciar. Y es verdad que en la vida hay que discernir, y a veces incluso juzgar. Pero el Evangelio dice que eso no basta. El juicio, por sí solo, no cura a nadie. Señala, pero no levanta. Diagnostica, pero no salva.

Solo Cristo salva. No nosotros. Pero nosotros sí podemos decidir de qué lado nos ponemos: del lado de la condena estéril o del lado de la misericordia activa; del lado de la dureza que remata al caído o del lado de la verdad que ayuda a ponerse en pie.

La pregunta de hoy es muy sencilla: ¿qué pesa más en mí: la necesidad de juzgar o el deseo de salvar?

Escenario segundo: “Nicodemo, la luz ha venido al mundo”

Aquí el Evangelio da un paso más. No habla solo de moral. Habla de revelación. La luz no es una idea bonita. La luz es Cristo mismo. En él, Dios se deja ver. En él queda al descubierto lo que somos. Por eso encontrarse con la luz no es un adorno espiritual; es una sacudida.

Uno puede vivir buscando rincones donde no se vea demasiado la verdad de su vida. Todos sabemos hacerlo. Todos sabemos defendernos, justificar lo injustificable, enredar, oscurecer, desviar la atención. Hay muchas maneras de amar la tiniebla: vivir de apariencias, acostumbrarse a la mentira, pactar con la mediocridad, no querer cambiar.

Por eso el problema no es solo “hacer cosas malas”. El problema más hondo es rechazar la luz que podría cambiarnos. A veces preferimos seguir igual antes que dejarnos iluminar.

En cambio, acercarse a la luz no significa presentarse perfecto. Significa presentarse verdadero. Significa dejar que Dios nombre lo que hay, sane lo que duele y desenmascare lo que falsea la vida.

La pregunta de hoy es esta: ¿yo aclaro la vida o la complico?, ¿me acerco a la luz o me protejo de ella?

Escenario tercero: “Nicodemo, realiza la verdad”

Esta expresión es de las más fuertes del Evangelio. Jesús no dice solo “piensa la verdad” o “defiende la verdad”. Dice: “realiza la verdad”. Es decir: haz de tu vida un lugar verdadero.

Porque uno puede saber muchas cosas, hablar muy bien, incluso dar buena imagen, y seguir viviendo en falso. Existe una vida de escaparate: la vida expuesta, cuidadosamente presentada, pero vacía por dentro. Una vida pendiente de parecer, de sostener una imagen, de exhibir una versión retocada de sí mismo. Y eso termina cansando. Porque cuando la vida es solo forma, acaba ahogando el fondo.

Realizar la verdad es otra cosa. Es vivir sin doblez. Es dejar de esconderse. Es no convertir la fe en decoración. Es permitir que lo que uno muestra por fuera se parezca de verdad a lo que está pasando por dentro. No es perfección. Es verdad. No es brillo. Es autenticidad. No es espectáculo. Es hondura.

Y eso solo se puede vivir de verdad cuando uno deja de apoyarse solo en sí mismo y acepta ser mirado por Dios sin máscaras.

La pregunta de hoy es clara: ¿qué hay en mí de verdad y qué hay de escaparate?


martes, 14 de abril de 2026

EVANGELIO DEL MARTES. SEMANA 2 DEL TIEMPO DE PASCUA


EVANGELIO
En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: -«Tenéis que nacer de nuevo; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu.» 
Nicodemo le preguntó: - «¿Cómo puede suceder eso?» Le contestó Jesús: - « Y tú, el maestro de Israel, ¿no lo entiendes? Te lo aseguro, de lo que sabemos hablamos; de lo que hemos visto damos testimonio, y no aceptáis nuestro testimonio. Si no creéis cuando os hablo de la tierra, ¿cómo creeréis cuando os hable del cielo? Porque nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.»

Juan   3, 7-15


lunes, 13 de abril de 2026

EVANGELIO DEL LUNES. SEMANA 2 DEL TIEMPO DE PASCUA.



EVANGELIO
Había un fariseo llamado Nicodemo, jefe judío. Éste fue a ver a Jesús de noche y le dijo: - «Rabí, sabemos que has venido de parte de Dios, como maestro; porque nadie puede hacer los signos que tú haces si Dios no está con él.» Jesús le contestó: - «Te lo aseguro, el que no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios.» Nicodemo le pregunta: - «¿Cómo puede nacer un hombre, siendo viejo? ¿Acaso puede por segunda vez entrar en el vientre de su madre y nacer? » Jesús le contestó: - «Te lo aseguro, el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu. No te extrañes de que te haya dicho: "Tenéis que nacer de nuevo"; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu.»

Juan   3, 1-8

COMENTARIO

Escribe la siempre genial Mª Dolores Aleixandre, que Jesús era experto en "abrir rendijas". Me ha venido a la cabeza esa expresión porque precisamente esto es lo que dice ella de Nicodemo. Jesús se coló en la vida de Nicodemo por una "rendija" que consiguió abrirle.

Lo dice ella mejor:"A Nicodemo, que protegía bajo luna blindada su suficiencia erudita, le preguntó con nocturnidad y alevosía: “Nicodemo, ¿te imaginas naciendo de nuevo sin recordar tus viejos saberes?”. Y le provocó una fisura en su cristal."

El tal Nicodemo, un representante de la intelectualidad moderada del judaísmo de entonces, parece ser que era un hombre inteligente y bueno. 

Su bondad la atestigua el querer acercarse a Jesús pese a la peligrosidad de tal decisión. Su inteligencia, sin duda, consistió en dejarse abrir esa fisura, a modo de rendija, en su bien pertrechaba vida.

¿Recordáis la ventanas de antes? Me refiero a aquellas ventanas de madera que, por muy cerradas que estuvieran, siempre dejaban pasar un hilillo de luz y de aire bastante incómodo, por cierto, en las noches de invierno. ¡Nada que ver con las de aluminio de ahora, que son fieles aliadas de la eficiencia energética!

Tengo para mi que "nacer de nuevo" poco tiene que ver con renovaciones totales de la vida o con esa maldita expresión de "empezar de cero".

"Nacer de nuevo" poco tiene que ver con anheladas y pretendidas transformaciones estructurales del mundo, también del eclesiástico. ¡Tardan tanto en cambiar las estructuras, que uno muere en el intento!

Nacer de nuevo quizá consista en "abrir rendijas", con pequeñas y sanadoras acciones, que nos permitan intuir y disfrutar de aquello que nos gustaría que fuera.

Nacer de nuevo es no dejar de mirar tu corazón con misericordia y dar gracias, no tanto por el latido de ayer, sino por el que has sentido hoy, en la esperanza de que esa sencilla experiencia, ¡latir!, también seguirá mañana.

Nacer de nuevo es no asquear de la vida; ... y vivir. Simplemente eso.