Etiquetas

miércoles, 1 de abril de 2026

MIÉRCOLES SANTO



LA PALABRA
...Y Judas Iscariote les dijo - «¿Qué estáis dispuestos a darme, si os lo entrego?» Ellos se ajustaron con él en treinta monedas...

Mientras comían dijo Jesús: «Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar». Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar: - «¿Soy yo acaso, Maestro?» Él respondió: - «Tú lo has dicho.»

(Mateo 26, 14-25)

LA EXPERIENCIA

En el evangelio de hoy conviven traición: la de Judas; y servicio, entrega y testimonio por amor: el de Jesús. 

Ambigua fue aquella cena, como ambigua es la vida cotidiana en la que se entremezclan los sentimientos y los acontecimientos más dispares. 

Resulta escandaloso ponerle precio a la vida. Pero al fin y al cabo todos hemos tenido alguna vez la sensación de encarecer nuestros sentimientos; o al revés, ... abaratar nuestros principios.

El texto de hoy nos invita a descubrir las veces que nos hemos sentido mercancía, o que hemos convertido a alguien en mercancía.


LA CELEBRACIÓN

Te proponemos en este Miércoles Santo esta Celebración en tu interior:

1. Échate la mano a tu bolsillo o a un monedero que tengas cercano. Cuenta las monedas que tienes y pregúntate qué podrías comprar.

2. Ahora, entra en tu interior y descubre el valor más grande que anida en tu corazón, aquello que mejor te define como persona. ¿Crees que en algún momento le has puesto precio?

3. Mira a la gente que te rodea estos días y da gracias por su “valor interior”. Siente que comparten su riqueza contigo sin pedirte nada a cambio. Exprésale de alguna forma tu gratitud a lo largo el día.

LA PLEGARIA

¡Señor y dador de vida,
Jesús es entrega absoluta 
y generosidad sin límite.
De Él queremos aprender a vivir
sin guardarnos nada de nuestra historia,
y compartiendo aquello que 
anida en la bondad de nuestro corazón.
Ante Ti que vives y amas, 
y atraviesas la memoria del tiempo
Amén!


viernes, 27 de marzo de 2026

SEMANA SANTA.


 

EVANGELIO DEL VIERNES. SEMANA 5 DEL TIEMPO DE CUARESMA.


EVANGELIO
En aquel tiempo, los judíos agarraron piedras para apedrear a Jesús. Él les replicó: - «Os he hecho ver muchas obras buenas por encargo de mi Padre: ¿por cuál de ellas me apedreáis?» 
Los judíos le contestaron: - «No te apedreamos por una obra buena, sino por una blasfemia: porque tú, siendo un hombre, te haces Dios.» Jesús les replicó:
- «¿No está escrito en vuestra ley: "Yo os digo: Sois dioses"? Si la Escritura llama dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios (y no puede fallar la Escritura), a quien el Padre consagró y envió al mundo, ¿decís vosotros que blasfema porque dice que es hijo de Dios? Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis, pero si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que comprendáis y sepáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre.» Intentaron de nuevo detenerlo, pero se les escabulló de las manos. Se marchó de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde antes había bautizado Juan, y se quedó allí. Muchos acudieron a él y decían: - «Juan no hizo ningún signo; pero todo lo que Juan dijo de éste era verdad.» Y muchos creyeron en él allí.

Juan   10, 31-42

COMENTARIO

“…Aunque no me creáis a mí, creed a las obras que yo hago”. Jesús no se refugia en discursos, ni en definiciones correctas, ni en sistemas bien construidos. Se expone. Se deja juzgar por lo que hace.

Y con ello desmonta una tentación constante del creyente: pensar que la fe consiste principalmente en “creer bien”.

A lo largo de la historia, hemos defendido verdades, hemos afinado doctrinas, hemos vigilado la ortodoxia… y, sin embargo, Jesús no dice: “creed mis palabras”, sino “mirad mis obras”. Ahí se juega todo.

No porque la fe no importe, sino porque una fe que no se hace vida, que no se traduce en gestos concretos, que no transforma la existencia, deja de ser reconocible como fe en el Dios vivo.

El problema no es tener una doctrina; el problema es esconderse detrás de ella. El problema no es confesar verdades; es no encarnarlas.

Jesús no pide primero adhesión intelectual, sino apertura a lo que acontece: enfermos que son levantados, excluidos que son acogidos, vida que brota donde solo había límite. Y desde ahí —solo desde ahí— puede nacer la fe.

Por eso, el cristianismo no puede instalarse cómodamente en lo que afirma. Tiene que exponerse en lo que hace. Tiene que arriesgarse en la vida concreta.

Después vendrá la formulación, la celebración, la reflexión. Pero si no hay obras, todo lo demás queda en palabras.

Y entonces la pregunta ya no es si creemos correctamente, sino si nuestra vida permite a alguien reconocer, siquiera intuir, que “el Padre está en Él”… y, quizá, también en nosotros.

jueves, 26 de marzo de 2026

EVANGELIO DEL JUEVES. SEMANA 5 DE CUARESMA.




EVANGELIO
En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: «Os aseguro: quien guarda mi palabra no sabrá lo que es morir para siempre.» Los judíos le dijeron: «Ahora vemos claro que estás endemoniado; Abrahán murió, los profetas también, ¿y tú dices: "Quien guarde mi palabra no conocerá lo que es morir para siempre"? ¿Eres tú más que nuestro padre Abrahán, que murió? También los profetas murieron, ¿por quién te tienes?» 
Jesús contestó: «Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada. El que me glorifica es mi Padre, de quien vosotros decís: "Es nuestro Dios", aunque no lo conocéis. Yo sí lo conozco, y si dijera: "No lo conozco" sería, como vosotros, un embustero; pero yo lo conozco y guardo su palabra. Abrahán, vuestro padre, saltaba de gozo pensando ver mi día; lo vio, y se llenó de alegría.» Los judíos le dijeron: «No tienes todavía cincuenta años, ¿y has visto a Abrahán?» Jesús les dijo: «Os aseguro que antes que naciera Abrahán, existo yo.» Entonces cogieron piedras para tirárselas, pero Jesús se escondió y salió del templo.
Juan 8, 51-59