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sábado, 2 de mayo de 2026

EVANGELIO DEL DOMINGO. SEMANA 5 DEL TIEMPO DE PASCUA

 

EVANGELIO
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar. Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino».
Tomás le dice:
«Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?».
Jesús le responde:
«Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto».
Felipe le dice:
«Señor, muéstranos al Padre y nos basta».
Jesús le replica:
«Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, creed a las obras.
En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aun mayores, porque yo me voy al Padre».

Juan   14, 1-12

COMENTARIO

Incapacitados para reconocer el presente parecían Tomás y Felipe. No porque fueran peores que los demás, sino porque en ellos aparecen dos actitudes muy nuestras: la desconfianza que quiere controlarlo todo y la ansiedad religiosa que siempre pide una señal más grande.

Tomás representa al que no se fía del camino mientras lo está caminando. Quiere saber antes de vivir. Necesita garantías, mapa, destino claro. Pregunta: “Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?”. Es la fe bloqueada por la necesidad de certeza. No ve que los caminos recorridos por Jesús, sus palabras verdaderas y las vidas que ha levantado son ya la señal de que Dios está cerca.

Felipe representa al que tiene delante lo esencial, pero sigue reclamando algo más espectacular. Dice: “Señor, muéstranos al Padre y nos basta”. Ante Jesús, el signo por excelencia, pide otra señal. Ante la transparencia de Dios en una vida entregada, quiere una prueba más evidente. Es la fe que aplaza la confianza porque siempre espera algo más grande.

Tomás y Felipe son dos cegueras creyentes. Tomás no sabe confiar en el camino abierto. Felipe no sabe reconocer la presencia dada. Uno pide dirección absoluta. El otro pide espectáculo religioso. Y los dos olvidan que el presente que tienen delante no está vacío: es el lugar concreto donde Dios se está diciendo.

También nosotros vivimos así muchas veces. Queremos saberlo todo antes de amar. Queremos garantías antes de servir. Queremos ver claro antes de comprometernos. Y mientras tanto, despreciamos el presente.

Pero la vida solo ocurre aquí. Somos presente: un presente tejido de memoria y abierto por la promesa. Hay presentes luminosos y presentes difíciles. Hay presentes que ilusionan y presentes que pesan como una cruz. Pero todo presente puede convertirse en partitura de la Gran Melodía, no porque todo sea bueno, sino porque en todo puede abrirse una tarea de sentido, cuidado y resurrección.

Tomás y Felipe no podían imaginar que en aquel Jesús tan concreto, tan humano, tan de cada día, estuviera el sentido más grande de la historia. Y tal vez eso nos pasa también a nosotros: buscamos a Dios en otra parte, más claro, más fuerte, más indiscutible, mientras se nos ofrece en la humildad de lo real.

Vivir resucitados es romper el techo de nuestras quejas: “No sabemos el camino”. Y dejar de exigir presentes imposibles: “Muéstranos al Padre”. Es reconocer que el camino se aprende caminando, que Dios se transparenta en Jesús, y que la fe se verifica en las obras.

Por eso el final del evangelio es decisivo: “El que cree en mí hará las obras que yo hago”. Creer no es pedir más señales para retrasar la entrega. Creer es continuar las obras de Jesús: cuidar, levantar, sanar, perdonar, dignificar, acompañar y mejorar la vida.

Vive. Encárgate de la vida. Mejórala. Esto hizo el Nazareno. Y por aquí pasa nuestra fe en Él.


EN POCAS PALABRAS:

*Tomás quiere controlar el camino.

*Felipe quiere una señal más grande.

*Los dos tienen a Jesús delante, pero no lo reconocen.

*También nosotros pedimos garantías antes de vivir.

*El Evangelio responde: camina, confía, cuida y mejora la vida.


EVANGELIO DEL SÁBADO. SEMANA 4 DEL TIEMPO DE CUARESMA

EVANGELIO
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar. Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino».
Tomás le dice:
«Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?».
Jesús le responde:
«Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto».
Felipe le dice:
«Señor, muéstranos al Padre y nos basta».
Jesús le replica:
«Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, creed a las obras.
En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aun mayores, porque yo me voy al Padre».

Juan   14, 1-12

COMENTARIO

Incapacitados para el presente parecían Tomás y Felipe. Ellos no podían ver en Jesús una manifestación del Padre. Jesús era la partitura desde la que se podía escuchar la melodía de Dios.

Tomás no parece identificar los caminos andados por Jesús, las verdades dichas a través de sus palabras y las vidas re-engendradas de tantos que se cruzaron en su camino, como una señal de que Dios estaba muy cerca de ellos.

Y Felipe necesitaba una enésima prueba de lo divino, una señal que mostrara al Padre. Ante aquel que es el "signo" por excelencia, Felipe pide una "muestra" del Padre. 

Tomás y Felipe son, por tanto, el prototipo de personas que no saben identificar y valorar el presente que tienen delante.

Cuando traemos el evangelio al hoy de nuestra vida, caemos en la cuenta de cómo aquella ceguera vital de ambos discípulos se repite en las micro- historias personales de todos los tiempos.

Una de las mayores cegueras sociales que atraviesa nuestras culturas es no valorar el presente. La personas somos presente, no tenemos nada más. Ese es nuestro tesoro. Los paraísos pasados y futuros se inscriben en lo que nuestra vida tiene de memoria y de anhelo. Pero es el presente lo que cada día nos regala la vida.

Hay presentes placenteros y presentes contradictorios. Hay presentes transitivos que posibilitan expectativas ilusionantes, y hay presentes contradictorios con los que nos cuesta cargar. 

Pero todos los presentes son la partitura  de la Gran Melodía.

Tomás (el incrédulo) y Felipe (el megalómano) no podían imaginar que en el presente de aquel ser tan concreto, Jesús de Nazaret, residiera el sentido más grande de la historia.

Esto nos pasa también a nosotros hoy: en medio de este mundo concreto, que en no pocas ocasiones aparece como crucificado, nos cuesta identificar la tarea de sentido que llevamos entre manos.

Vivir resucitados es romper el techo de nuestras quejas y lamentos («Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?»), y dejarnos de presentes imposibles («Señor, muéstranos al Padre y nos basta».).

Vive, encárgate de la vida y mejórala. Esto hizo el Nazareno. Y por aquí pasa nuestra fe en Él.


viernes, 1 de mayo de 2026

EVANGELIO VIERNES. SEMANA 4ª DEL TIEMPO DE PASCUA.


EVANGELIO

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: - No perdáis la calma: creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias, y me voy a prepararos sitio. Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino. Tomás le dice: - Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino? Jesús le responde: - Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí.

Juan   14, 1-6