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domingo, 12 de abril de 2026

EVANGELIO DEL DOMINGO. SEMANA 2 DE PASCUA

 

EVANGELIO
Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa con las puertas cerradas, por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
–Paz a vosotros.
Y diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
–Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.

Y dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:
–Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados; a quienes se los retengáis les quedarán retenidos.
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:
–Hemos visto al Señor.
Pero él les contestó:
–Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.
A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:
–Paz a vosotros
Luego dijo a Tomás:
–Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.
Contestó Tomás:
–¡Señor mío y Dios mío !
Jesús le dijo:
–¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.
Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su Nombre.

Juan   20, 19-31

COMENTARIO
La escena de Tomás no está puesta para desacreditarlo, sino para ayudarnos a comprender por dónde pasa la fe pascual.

La primera clave es esta: no se puede creer solo de oídas. La fe no nace de repetir fórmulas ni de aceptar sin más lo que otros dicen. Necesita experiencia, encuentro, algún modo real de ser tocados por su presencia. Tomás no pide un espectáculo ni una emoción fácil; necesita reconocer que el Resucitado es verdaderamente el mismo Jesús que fue crucificado. También hoy sucede algo semejante: una fe meramente heredada, convencional o prestada acaba debilitándose. En algún momento cada creyente necesita hacer experiencia personal de que Cristo no pertenece solo al pasado, sino que sigue siendo una presencia viva.

La segunda clave es que no se puede creer por libre. La fe cristiana no es una aventura aislada ni una construcción privada. Tomás, mientras queda fuera del grupo, permanece encerrado en su incredulidad; cuando vuelve a estar con los otros, allí acontece el encuentro. La comunidad no elimina mágicamente la duda, pero sí se convierte en el lugar donde la memoria de Jesús se mantiene viva, donde unos sostienen la fe de otros y donde el rostro del Señor se deja entrever en la vida compartida. No se cree sin los otros, porque el otro puede ser mediación para el encuentro con Dios; en el hermano concreto, sobre todo en el herido, resuena siempre aquella palabra: “cada vez que lo hicisteis con uno de estos…”.

Y la tercera clave es quizá la más decisiva: se cree a partir de las llagas y a pesar de las llagas. Jesús resucitado no aparece borrando las heridas, sino mostrándolas. Eso corrige de raíz una imagen falsa de la fe: no se cree al margen del conflicto, ni desde una religiosidad dulzona, evasiva o casi bobalicona, que convierte la fe en refugio para no afrontar la dureza de la vida. El evangelio va por otro camino. Creer no es disponer de un antídoto contra el mal, ni quedar a salvo de la herida, ni vivir en una serenidad artificial. Creer es atravesar el conflicto sin negar su dureza, sostenerse en medio de la noche y descubrir que el mal no tiene la última palabra.

Por eso Tomás termina confesando: “Señor mío y Dios mío”. No llega a esa fe huyendo de la realidad, sino entrando hasta el fondo en ella; no aislándose, sino en comunidad; no negando las heridas, sino reconociéndolas en el cuerpo del Resucitado. También nosotros creemos así: no de oídas, no en solitario, y no al margen de las llagas, sino en medio de ellas y con la esperanza de que la Vida puede abrirse paso incluso ahí.


PD. En este enlace podéis acceder a una celebración del domingo segundo de Pascua.




sábado, 4 de abril de 2026

SÁBADO SANTO



LA PALABRA
Por un momento, cuando la Palabra dejó de oírse y la soledad se embriagó de silencio, no hubo mas camino que sentir el corazón herido y esperar... esperar que llegara el día.

Y en ese momento, aparecieron en este sábado de espera las manos de María...manos alteradas por el dolor, pero transidas de una serena rebeldía por la que transita nuestra espera, en esta sociedad herida de prisas, desencantos e incertidumbres.”
(Meditaciones de Semana Santa)

LA EXPERIENCIA

María, en la tradición bíblica, representa la mujer experta en dar pequeños pasos al frente que no tienen vuelta hacia atrás. Eso es interesante.

Ni heroína mitológica, ni virgen a sueldo presente en muchas tradiciones religiosas. Sólo persona y mujer, con decisión.

A base de pequeños “síes”, y en soledad, fue acompañando y poniendo rostro humano al Dios de siempre.

LA CELEBRACIÓN

Este Sábado Santo déjate un instante de soledad sonora y habitada:

1. Contempla a María diciendo Sí en la Anunciación, o señalando al Hijo como aquel que tenía la respuesta en las bodas de Caná, o a los pies de la cruz...simplemente resistiendo.

2. Piensa ahora en ti. Cae en la cuenta de las veces que has dicho un pequeño “Sí”, y ha cambiado o animado la vida de alguien. Decir solo “Sí”, en ocasiones, genera un potencial de vida capaz de poner fin a dinámicas de contradicción y fracaso. 


LA PLEGARIA

¡Señor y dador de vida,
en María reconocemos  un signo posible 
de la comunidad que podemos ser. 
Recordarla en este sábado de esperas, 
significa no cesar nunca de confiar 
en la palabra de aquel que siempre nos invita a la vida,
más allá de nuestros inciertos presentes
Amén!


viernes, 3 de abril de 2026

VIERNES SANTO



LA PALABRA
Tomaron a Jesús, y, cargando él mismo con la cruz, salió al sitio llamado «de la Calavera» (que en hebreo se dice “Gólgota”), donde lo crucificaron.

Los soldados, cuando crucificaron a Jesús, cogieron su ropa, haciendo cuatro partes, una para cada soldado, y apartaron la túnica. Era una túnica sin costura, tejida toda de una pieza de arriba abajo. 

Y se dijeron: «No la rasguemos, sino echémosla a suerte, a ver a quién le toca»
 (De la Pasión según San Juan)

LA EXPERIENCIA

La lengua griega no conoce el verbo “crucificar”. Por eso San Juan, emplea la palabra “levantar”. Jesús fue levantado. Este juego de palabras joánico es bonito, y expresa cómo Jesús adquiere su mayor dignidad en el momento en que es levantado, es decir, en el momento en que entrega su vida. En la cruz, Jesús siente colmada su vida.

El vestido de una persona es la expresión externa de su dignidad. Ser despojado de el manifestaba indignidad.  El hecho de que su túnica no fuera rasgada revela, simbólicamente, cómo la primitiva comunidad cristiana descubrió en Jesús una fuerza y una vida que va más allá de su muerte. 

Jesús murió, pero la muerte no le arrebato ni el pasado ni el futuro de su vida.


LA CELEBRACIÓN


Te proponemos en este Viernes Santo esta Celebración:

1. Recorre cada rincón de tu casa. Descubre sus en-cruci-jadas. Identifica cada espacio con alguna persona. Da gracias por las veces que pensaste en los demás más que en ti. Eso es entregar la vida.

2. Después siéntate, coge una biblia si las tienes. Busca la pasión según San Juan. Léela con tranquilidad. Quédate con una frase y repítela varias veces.

3. Finalmente, ponte en pie, y siente que has nacido para levantarte y no para arrollidarte. Así lo enseño el Maestro galileo.


LA PLEGARIA

¡Señor y dador de vida,
en Jesús descubrimos el amor más grande, 
manifestado en la ofrenda de toda su historia.
Nosotros pasamos de la muerte a la vida, cada vez que compartimos todo lo que somos y nos ofrecemos mutuamente nuestro día a día.
Ante Ti que vives y amas 
y atraviesas la memoria del tiempo
Amén!


jueves, 2 de abril de 2026

JUEVES SANTO



LA PALABRA
“Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos.

Llegó a Simón Pedro, y éste le dijo: «Señor, ¿lavarme los pies tú a Mí? ...Jamás»

Jesús añadió: pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros.”
 (Juan 13, 1-15)

LA EXPERIENCIA

Unos cuantos años más tarde, nuestra mesa vuelve a ser "mesa discutida", para que se aclaren los corazones. 

Para unos, mesa de servicio y comunión: "yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies”. Para otros, mesa de violencia y contradicción:  "no me lavarás los pies jamás".

Somos lo que somos: menos que nuestros anhelos, pero más que nuestras miserias.


LA CELEBRACIÓN

Este Jueves Santo, cuando recibas esta hoja, estarás a punto de sentarte a la mesa:

1. Antes de comenzar a comer, contempla el Pan, contempla toda la comida. Sí, fruto de tu trabajo, pero también de quien sembró el trigo y lo transformó en harina y lo puso a tu alcance. Ese pan refleja la historia callada de muchas personas. No es tuyo, es “de todos”.

2. Come hoy el Pan con calma. Estar en la Mesa de cada día, sin voracidad, es una manera de dar gracias y de hacer Acción de Gracias: Eucaristía. 

LA PLEGARIA

¡Señor y dador de vida,
Que la Palabra de Jesús nos alimente,
nos haga vivir con gratitud ante lo que somos y tenemos.
Y que el Pan que compartimos cada día, 
aliente nuestro deseo de gastarnos con generosidad 
en bien de los demás
Ante Ti que vives y amas, 
y atraviesas la memoria del tiempo
Amén!


miércoles, 1 de abril de 2026

MIÉRCOLES SANTO



LA PALABRA
...Y Judas Iscariote les dijo - «¿Qué estáis dispuestos a darme, si os lo entrego?» Ellos se ajustaron con él en treinta monedas...

Mientras comían dijo Jesús: «Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar». Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar: - «¿Soy yo acaso, Maestro?» Él respondió: - «Tú lo has dicho.»

(Mateo 26, 14-25)

LA EXPERIENCIA

En el evangelio de hoy conviven traición: la de Judas; y servicio, entrega y testimonio por amor: el de Jesús. 

Ambigua fue aquella cena, como ambigua es la vida cotidiana en la que se entremezclan los sentimientos y los acontecimientos más dispares. 

Resulta escandaloso ponerle precio a la vida. Pero al fin y al cabo todos hemos tenido alguna vez la sensación de encarecer nuestros sentimientos; o al revés, ... abaratar nuestros principios.

El texto de hoy nos invita a descubrir las veces que nos hemos sentido mercancía, o que hemos convertido a alguien en mercancía.


LA CELEBRACIÓN

Te proponemos en este Miércoles Santo esta Celebración en tu interior:

1. Échate la mano a tu bolsillo o a un monedero que tengas cercano. Cuenta las monedas que tienes y pregúntate qué podrías comprar.

2. Ahora, entra en tu interior y descubre el valor más grande que anida en tu corazón, aquello que mejor te define como persona. ¿Crees que en algún momento le has puesto precio?

3. Mira a la gente que te rodea estos días y da gracias por su “valor interior”. Siente que comparten su riqueza contigo sin pedirte nada a cambio. Exprésale de alguna forma tu gratitud a lo largo el día.

LA PLEGARIA

¡Señor y dador de vida,
Jesús es entrega absoluta 
y generosidad sin límite.
De Él queremos aprender a vivir
sin guardarnos nada de nuestra historia,
y compartiendo aquello que 
anida en la bondad de nuestro corazón.
Ante Ti que vives y amas, 
y atraviesas la memoria del tiempo
Amén!