Lucas 12, 49-53
El evangelio de hoy desconcierta: fuego, angustia, división, familias enfrentadas… Y lo recoge Lucas, el evangelista de la paz, el que pone la paz en boca de los ángeles en Belén y del Resucitado ante sus discípulos.
«He venido a prender fuego en la tierra». En Lucas, el fuego es el del Espíritu: Juan anunció que Jesús bautizaría «con Espíritu Santo y fuego», y en Pentecostés el Espíritu desciende como lenguas de fuego. Pero antes Jesús debe pasar por su bautismo, la pasión. Solo desde la cruz se derramará ese fuego. Por eso siente angustia: su fidelidad le cuesta la vida.
¿Y la división? Simeón ya había anunciado que aquel niño sería «signo de contradicción». Ante Jesús hay que tomar postura, y no todos la toman igual. La división no es lo que busca, sino lo que ocurre cuando su mensaje llega a lo hondo. Cuando Lucas escribe, hacerse cristiano podía enfrentar a padres e hijos. Y la familia daba identidad, trabajo y protección; romper con ella era quedarse sin nada.
Jesús no vino a destruir lo bueno, pero no consentía que nada, ni lo más sagrado ni lo más querido, ocupara el lugar de Dios. Su paz no es la tranquilidad de mirar hacia otro lado, sino la que nace de la reconciliación con Dios y con los hermanos. Y esa paz, a veces, tiene un precio.
¿Y hoy?
Podemos confundir la paz con la comodidad, la prudencia con el miedo y la fidelidad con la costumbre. Si la fe no nos acerca a Dios ni nos hace más humanos y comprometidos con lo que está mal a nuestro alrededor, se queda hueca.
Dicen que una de las decisiones más difíciles es saber qué puentes cruzar y cuáles quemar. Seguir a Jesús exige quemar los que nos atan al egoísmo, al miedo o a una religión sin consecuencias. No los que nos unen a las personas: el cristiano no busca el enfrentamiento. Pero tampoco renuncia a su fe para evitarlo, y a veces tendrá que seguir queriendo a quien no le entiende, incluso en su propia casa.
La pregunta de hoy es incómoda: ¿vivimos en paz porque hemos aprendido a construirla o porque hemos decidido no complicarnos la vida?
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