DÍA NOVENO
MARÍA, ENCRUCIJADA DE ESPERANZA
La sonrisa de María entre el llanto y la alegría
TEXTO:
Proto-evangelio de Santiago, 17
Cuando se encontraban ya cerca de Belén, José volvió el rostro hacia María y la encontró triste. Pensó que el hijo que llevaba en su seno podía estar causándole dolor.
Poco después volvió a mirarla y descubrió que su rostro estaba sonriente.
Entonces le preguntó:
—María, ¿qué te sucede? Unas veces veo tu rostro sonriente y otras triste.
María le respondió:
—Porque contemplo ante mis ojos dos pueblos: uno llora y se lamenta; el otro se alegra y se llena de júbilo.
Continuaron avanzando. Cuando llegaron a mitad del camino, María dijo:
—José, ayúdame a bajar del asno, porque el hijo que llevo dentro de mí está a punto de nacer.
José la ayudó a bajar y comenzó a buscar un lugar donde pudiera recogerse.
FRASE:
«La esperanza no es la convicción de que algo saldrá bien, sino la certeza de que algo tiene sentido, sea cual sea su resultado».
Václav Havel
EXPERIENCIA
En nuestra vida conviven motivos para llorar y razones para sonreír. La realidad nunca aparece completamente oscura ni enteramente luminosa. En una misma familia puede haber preocupación y, al mismo tiempo, gestos de cuidado; en el trabajo, cansancio y también ocasiones de crecer; en la sociedad, conflictos e injusticias, pero igualmente personas que ayudan, reconstruyen y sostienen. Incluso dentro de nosotros conviven la duda y la confianza, la fragilidad y la fuerza, el miedo y el deseo de seguir adelante.
A veces una dificultad ocupa toda nuestra atención y nos impide reconocer lo demás. Una pérdida, una enfermedad, una decepción o un fracaso pueden cerrar nuestra mirada hasta hacernos pensar que todo va mal. Pero la realidad es ambivalente: junto a lo que duele, algo sigue naciendo; junto a lo que termina, algo comienza; junto a la herida, puede aparecer una presencia que acompaña.
La esperanza no consiste en negar una parte de la realidad para quedarnos solo con la agradable. Consiste en aprender a verla entera. Nos permite llorar lo que duele sin olvidar el bien que permanece, y sonreír sin volvernos indiferentes ante el sufrimiento. Así dejamos de vivir encerrados en una sola impresión y aprendemos a reconocer que, incluso en tiempos difíciles, la vida conserva posibilidades de sentido, de encuentro y de comienzo.
MEDITACIÓN
José contempla en el rostro de María dos expresiones diferentes: tristeza y sonrisa. María ve una humanidad que llora, pero también descubre un pueblo que comienza a alegrarse.
Su sonrisa no nace de la ingenuidad ni de la indiferencia. María conoce el dolor del camino, pero sabe que en medio de él está a punto de nacer una vida nueva.
Quien espera puede llorar y, al mismo tiempo, conservar una sonrisa, porque sabe descubrir que incluso en los momentos difíciles algo nuevo puede comenzar.
MARÍA
María lleva en su rostro el dolor y la alegría de lo que está naciendo. Ella nos enseña a acompañar a quienes lloran sin perder la esperanza ni dejar de reconocer los signos de vida que aparecen en el camino.
COMPROMISO
Hoy prestaré atención a una situación que me entristece y buscaré en ella algún pequeño signo de vida, de bondad o de esperanza que todavía no había reconocido.
ORACIÓN
María, mujer de esperanza, que sepamos conservar una sonrisa
capaz de anunciar la vida siempre. Amén.
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