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jueves, 23 de julio de 2026

EVANGELIO DEL JUEVES. SEMANA 16 DEL TIEMO ORDINARIO

EVANGELIO
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús los discípulos y le preguntaron:
-¿Por qué les hablas en parábolas?
Él les contestó:
-A vosotros se os ha concedido conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no. Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender. Así se cumplirá en ellos la profecía de Isaías:
“Oiréis con los oídos sin entender; miraréis con los ojos sin ver; porque está embotado el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los ojos; para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón, ni convertirse para que yo los cure.”
¡Dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen! Os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis vosotros y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron.
Mateo 13, 17-20

COMENTARIO

Las parábolas no son cuentos inocentes. Son una manera exagerada, sorprendente y provocadora de contar la realidad. Jesús las utiliza para despertarnos, porque una parábola nunca nos deja como simples espectadores: nos obliga a tomar partido, a decidir de qué lado queremos estar.

Por eso, la parábola resulta incómoda para quien no quiere complicarse la vida. Habla de la existencia tal como es, porque vivir significa elegir, arriesgarse y responder.

Además, las parábolas están llenas de paradojas: lo pequeño llega a ser grande, la muerte se transforma en vida y aquel a quien todos consideran malo termina comportándose como el bueno.

Para entenderlas necesitamos una mirada esperanzada y una escucha atenta. No basta con oír sus palabras; hay que permitir que entren en el corazón y cuestionen nuestra manera de vivir. Escuchar la parábola y aceptar su desafío puede convertirse en salvación.

Por eso conviene preguntarnos: ¿mis ojos ven de verdad? ¿Mis oídos escuchan?

Solo cuando miramos y escuchamos con el corazón abierto aceptamos el desafío permanente, hermoso e incómodo de vivir.


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