Jesús dice: “No juzguéis”. No porque todo dé igual, sino porque solemos mirar mal.
Esopo, fabulista griego del siglo VI a. C., lo expresó con la imagen de las dos alforjas: llevamos delante los defectos de los demás y detrás los nuestros. Por eso vemos enseguida la mota ajena y tardamos tanto en reconocer nuestra propia viga.
Esto toca algo muy humano: necesitamos justificarnos antes que transformarnos. Preferimos defendernos, explicar nuestros fallos o compararnos con otros, antes que cambiar de verdad. Y muchas veces juzgamos para quedar por encima, para sentir que vencemos, para no mirar nuestra propia pobreza.
Pero Jesús nos lleva por otro camino. Lo importante en la vida no es vencer al otro, ni demostrar que somos mejores, ni quedar por encima. Lo importante es crecer. Crecer en verdad, en humildad, en humanidad.
Porque quien vive para vencer termina endurecido. Quien vive para crecer se vuelve más libre, más lúcido y más capaz de ayudar.
Solo cuando reconocemos nuestra propia viga, la mirada se limpia. Y entonces corregir al hermano ya no será juzgarlo, sino acompañarlo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por tu opinión.