Lo mismo que el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que quiere. Porque el Padre no juzga a nadie, sino que ha confiado al Hijo el juicio de todos, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo no honra al Padre que lo envió. Os lo aseguro: Quien escucha mi palabra y cree al que me envió posee la vida eterna y no se le llamará a juicio, porque ha pasado ya de la muerte a la vida. Os aseguro que llega la hora, y ya está aquí, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que hayan oído vivirán. Porque, igual que el Padre dispone de la vida, así ha dado también al Hijo el disponer de la vida. Y le ha dado potestad de juzgar, porque es el Hijo del hombre. No os sorprenda, porque viene la hora en que los que están en el sepulcro oirán su voz: los que hayan hecho el bien saldrán a una resurrección de vida; los que hayan hecho el mal, a una resurrección de juicio. Yo no puedo hacer nada por mí mismo; según le oigo, juzgo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.»
COMENTARIO
Jesús redimensiona la experiencia de la fe. Incluso el "producto estrella" de las religiones, la vida eterna, se llena de un contenido especial que no es otro más que la propia vida de Jesús, su mirada, su manera de actuar, su capacidad de perdón...toda su historia.
Escucharle a él, y vivir como él era estar ya en la vida eterna: "Quien escucha mi palabra posee la vida eterna porque ha pasado ya de la muerte a la vida”
La clave de este desafío está en creer a Jesús sabiendo, además, que para un judío coherente creer no es “decir” de memoria a dios, sino “vivir” apasionadamente según su proyecto (en este caso, el de Jesús).
Por eso la pregunta ¿eres creyente o no creyente? es absurda; la pregunta es, ¿intentas vivir como él o no?

Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
ResponderEliminar