Etiquetas

miércoles, 11 de marzo de 2026

EVANGELKIO DEL MIERCOLES. SEMANA 3 DE CUARESMA

 



EVANGELIO
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. Os aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la Ley. El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos.»

Mateo 5, 17-19
COMENTARIO
El evangelio de hoy puede entenderse a la luz de una clave fundamental: en Jesús todo es desmesura. El Evangelio no se mueve en la lógica del cálculo ni del equilibrio humano; se mueve en la lógica del exceso de Dios.

Esta tercera semana de cuaresma la samaritana recibe la promesa de un agua que calma la sed para siempre. No es una respuesta parcial, ni una solución provisional. Jesús no da un poco de agua para seguir caminando; ofrece una fuente que brota sin agotarse. Así actúa Dios: no mide, no raciona, desborda.

Algo parecido ocurre cuando Jesús recuerda a Naamán y a la viuda de Sarepta. Son extranjeros, gente que estaba fuera del círculo religioso de Israel. Sin embargo, son ellos quienes experimentan la acción de Dios. Con ello se revela que la salvación no tiene fronteras: la misericordia de Dios se abre sin límites.

La misma lógica aparece cuando Jesús habla del perdón. No propone una cantidad razonable de perdón, sino perdonar setenta veces siete. Es decir, perdonar siempre. El perdón cristiano no se administra como una contabilidad moral; nace de una misericordia que no se cansa.

Por eso puede decirse que el cristianismo es una desmesura. Lo es cuando Jesús pide amar al enemigoprestar sin esperar nada a cambiorezar por quienes persiguen. Lo es cuando afirma que el Padre hace salir el sol sobre buenos y malos. Dios no distribuye su bondad según méritos estrictos; su amor se derrama sobre todos.

En ese contexto se entiende también la afirmación de Jesús: no pasará ni una tilde de la Ley. No significa un endurecimiento legalista, sino todo lo contrario. La ley de Dios no queda anulada, sino llevada a su plenitud, a su sentido más radical. La fidelidad llega “hasta la última tilde”, pero esa fidelidad se vive desde la amplitud del amor de Dios.

Por eso, encontrarse con Jesús significa entrar en una lógica nueva: la lógica de la plenitud, del exceso y del amor sin medida. Allí donde el ser humano calcula, Dios desborda. Allí donde el mundo establece límites, el Evangelio abre horizontes. En Cristo, la ley no se reduce: se convierte en vida desbordante.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Gracias por tu opinión.