jueves, 1 de enero de 2026

EVANGELIO DEL DIA 1 DE ENERO. MARÍA MADRE DE DIOS

 


EVANGELIO

En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo hacia Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que se les había dicho de aquel niño.

Todos los que lo oían se admiraban de lo que les habían dicho los pastores. María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.

Y se volvieron los pastores dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho.

Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.


Lucas 2, 16-21

COMENTARIO

Buen año para todos. El relato de los pastores y de María no es solo una escena entrañable del nacimiento de Jesús; es una clave profunda para comprender cómo irrumpe Dios en la historia y cómo sigue haciéndolo hoy. Todo comienza, significativamente, desde las afueras. Nada nace en el centro del poder, de la seguridad o del prestigio. El decreto viene de lejos, obliga a moverse, a salir de lo conocido. José y María abandonan Nazaret, quedan fuera de la posada, y el Niño nace fuera, en un establo. Incluso los primeros testigos viven fuera: pastores a la intemperie, sin protección ni reconocimiento social. Dios elige el margen, no el escaparate.

Este “venir de fuera” no es solo geográfico; es existencial. También hoy muchas de las experiencias decisivas de la vida nos llegan desde fuera de nuestros planes: una crisis inesperada, una enfermedad, un cambio laboral, una migración forzada, una soledad no buscada. La cultura del siglo XXI, obsesionada con el control, la previsión y la autoafirmación, se ve descolocada por un Dios que no pide permiso y no se ajusta a nuestras agendas. El Evangelio recuerda que lo verdaderamente transformador no suele nacer del confort, sino del desajuste.

Sin embargo, lo que viene de fuera no se queda fuera. El texto subraya un movimiento interior decisivo: María conserva y medita todo en su corazón. Frente al ruido, la prisa y la sobreexposición permanente que caracterizan nuestro tiempo, María encarna una actitud contracultural: detenerse, acoger, rumiar la vida por dentro. El corazón aparece como el lugar donde lo incomprensible no se descarta, sino que se guarda hasta que pueda dar fruto. No todo se entiende de inmediato; algunas verdades necesitan silencio y tiempo.

Los pastores, en cambio, representan la otra cara necesaria: reciben, ven, cuentan y regresan alabando. Hay experiencia, palabra y alabanza. Pero María recuerda que sin interiorización, el acontecimiento se diluye. En un mundo saturado de información y emociones rápidas, el Evangelio propone un ritmo distinto: dejar que la vida, incluso la que duele o desconcierta, crezca dentro.


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