domingo, 21 de diciembre de 2025

EVANGELIO DEL DIMINGO 21 DE DICIEMBRE. SEMJANA 4 DEL ADVIENTO


EVANGELIO
El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: «José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.» Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que habla dicho el Señor por el Profeta: «Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa "Dios-con-nosotros".» Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se llevó a casa a su mujer.

Mateo 1, 18-24

COMENTARIO

José no sueña para huir de la realidad. Sueña porque la realidad, tal como se le presenta, se ha vuelto inhabitable. La Ley judía ya ha hecho su trabajo: ha analizado, ha previsto consecuencias, ha elegido la salida menos dañina. Repudiar a María en secreto es una decisión justa, correcta, incluso compasiva. Pero no es todavía una decisión plenamente humana. Le falta algo que la razón sola no puede dar: futuro.


El sueño irrumpe como una grieta en la lógica del yo. En él, José no recibe una explicación detallada ni un plan cerrado; recibe una palabra: no temas. Soñar, en este sentido, no es perder el control, sino atreverse a soltarlo. Es suspender por un momento el instinto de autoprotección para dejar espacio a una verdad más grande que el propio miedo. En el sueño, José aprende que la vida no siempre se comprende antes de ser acogida.

También hoy vivimos situaciones que parecen exigir soluciones rápidas, eficaces, racionales. La tentación es la misma que la de José: resolver sin exponerse, cerrar sin romper del todo, salvar la imagen. Sin embargo, esas salidas “correctas” suelen dejar intacta la inhumanidad de fondo. Funcionan, pero no transforman.

Soñar, hoy, sería permitir que algo nos descoloque. Escuchar al corazón no como refugio sentimental, sino como lugar de discernimiento. Allí donde la razón dice “no es posible”, el sueño abre la pregunta: “¿y si fuera necesario?”. José no entiende cómo puede ser verdad lo que se le anuncia, pero entiende que acoger a María es acoger la vida tal como viene, no como él la había previsto.

Cuando José despierta, el mundo no ha cambiado. María sigue embarazada, la sospecha social sigue ahí, el riesgo permanece. Lo que ha cambiado es José. Ya no actúa desde el miedo, sino desde la confianza. Ha suspendido el yo para dejar pasar a Dios-con-nosotros.

Quizá eso sea humanizar hoy: no endurecerse para sobrevivir, sino atreverse a soñar lo suficiente como para cuidar. Aceptar que hay decisiones que no se justifican del todo, pero que salvan. Como José, despertar y hacer lo que el amor pide, incluso cuando no encaja del todo en nuestros esquemas.





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